De la magia al cuidado: el verdadero sentido de la Navidad

La Navidad es, para muchas infancias, uno de los momentos más significativos del año. Más allá de los regalos o las celebraciones, es un tiempo cargado de símbolos, relatos y rituales que ayudan a niñas y niños a comprender valores fundamentales: el compartir, la generosidad, la empatía y el cuidado de los otros y del mundo que habitamos.
En un contexto donde el ritmo cotidiano suele ser acelerado, la Navidad ofrece una pausa valiosa. Es una oportunidad para fortalecer los vínculos familiares, crear recuerdos compartidos y abrir conversaciones que ayuden a las infancias a sentirse parte de algo más grande: una comunidad, una sociedad y un planeta que merece ser cuidado.
La magia como lenguaje de la infancia
La llamada magia de la Navidad no es solo fantasía. Para niñas y niños, los relatos navideños funcionan como un lenguaje emocional que les permite explorar preguntas profundas: ¿Por qué ayudamos a los demás? ¿Qué significa dar? ¿Cómo se construye la justicia y la solidaridad?
Cuando acompañamos estos relatos desde la escucha y la coherencia, la magia se transforma en una herramienta pedagógica poderosa. A través de ella, las infancias pueden comprender que los actos de bondad —grandes o pequeños— tienen un impacto real en la vida de otras personas y en su entorno.
Nicolás de Bari: un ejemplo de empatía y cuidado
Una de las figuras más representativas de la tradición navideña es Nicolás de Bari, también conocido como San Nicolás. Su historia, lejos de ser un simple mito, tiene raíces profundas en valores humanos y sociales que siguen siendo relevantes hoy.
Nicolás nació en el seno de una familia acomodada, pero quedó huérfano siendo muy joven. Esta experiencia marcó su vida y lo llevó a tomar una decisión poco común para su tiempo: dedicar su herencia y su energía a ayudar a las personas más desprotegidas, especialmente a niñas y niños.
Se le atribuyen múltiples actos de generosidad realizados de manera discreta, siempre procurando no humillar a quien recibía la ayuda. Este gesto —dar sin esperar reconocimiento— es una enseñanza poderosa para las infancias, que aprenden que la solidaridad auténtica nace del respeto y del amor por el otro.
Navidad, empatía y cuidado del planeta
Hablar de empatía en Navidad también implica ampliar la mirada hacia nuestro entorno. Acompañar a niñas y niños a comprender que formamos parte de un planeta compartido es fundamental para sembrar una conciencia de cuidado y corresponsabilidad.
Pequeñas acciones durante estas fechas —reducir el desperdicio, reutilizar materiales, compartir con quienes tienen menos, cuidar a los animales y a la naturaleza— pueden convertirse en aprendizajes significativos si se viven en familia y se explican con sentido.
La figura de Nicolás de Bari nos recuerda que el bienestar individual no puede desligarse del bienestar colectivo. Enseñar esto a las infancias es un paso clave para formar personas más empáticas, solidarias y comprometidas con su comunidad y su entorno.
Acompañar la Navidad desde el ejemplo
La importancia de la Navidad para las infancias no está en mantener una ilusión perfecta, sino en acompañar con coherencia. Cuando niñas y niños observan actos de generosidad, diálogo, cuidado y respeto en su entorno cercano, los valores navideños dejan de ser un discurso y se convierten en una experiencia viva.
Así, la Navidad puede ser un punto de partida para conversaciones profundas y aprendizajes que trascienden estas fechas. Un tiempo para recordar que cuidar de las infancias es también cuidar del presente y del futuro del planeta que compartimos.