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Cierre de ciclos, acompañar las emociones en los finales

Las últimas semanas de clases suelen estar llenas de eventos: ceremonias, despedidas, entrega de trabajos y mucha emoción. Después de meses de una rutina constante, de pronto todo termina y llega una pausa que, aunque esperada, puede sentirse extraña.

¿Qué pasa cuando el ciclo escolar termina y el ritmo cotidiano se detiene? ¿Cómo podemos acompañar ese inevitable vacío que a veces aparece al cerrar una etapa?

Cada cierre implica despedirse de algo: de un salón de clases, de maestras y maestros, de amistades, de una rutina o, en algunos casos, de toda una escuela. Al mismo tiempo, también representa la posibilidad de comenzar algo nuevo. Por eso es común que niñas, niños y adolescentes experimenten emociones aparentemente contradictorias: alegría por haber alcanzado una meta, emoción por las vacaciones o la siguiente etapa, pero también tristeza, incertidumbre o incluso miedo por lo que viene.

Las transiciones forman parte del desarrollo. De hecho, especialistas en desarrollo infantil y educación socioemocional señalan que aprender a reconocer y gestionar las emociones durante estos cambios fortalece habilidades como la resiliencia, la adaptación y la autoestima.

Como madres, padres y cuidadores, podemos hacer que estos momentos se vivan con mayor tranquilidad y significado. Aquí algunas de las herramientas que podemos implementar para agilizar la transición:

Reconocer el esfuerzo

Antes de pensar en lo que sigue, vale la pena detenerse a reconocer el camino recorrido. Más allá de las calificaciones o los logros académicos, es importante valorar la constancia, los desafíos superados, las nuevas amistades, las habilidades que desarrollaron y todo aquello que aprendieron durante el año.

Escuchar frases como “estoy orgulloso de tu esfuerzo” o “sé cuánto creciste este ciclo” ayuda a que el cierre no se centre únicamente en los resultados, sino en el proceso.

Abrir espacios para la reflexión

No todas las niñas, niños y adolescentes expresan sus emociones de la misma manera. Algunos hablarán mucho sobre lo que sienten; otros necesitarán más tiempo.

Hacer preguntas abiertas puede facilitar la conversación: ¿qué fue lo que más disfrutaste este año?, ¿qué fue lo más difícil?, ¿qué te gustaría llevar contigo al siguiente ciclo?, ¿qué vas a extrañar? Escuchar sin minimizar sus emociones les ayuda a comprender que sentir nostalgia, emoción o incertidumbre es completamente normal.

Crear rituales de cierre

Los rituales ayudan a dar sentido a los cambios. No tienen que ser grandes celebraciones: hacer un álbum con fotografías, escribir una carta para el “yo” del futuro, guardar algún recuerdo especial del ciclo o compartir una comida en familia para celebrar el final de la etapa son formas sencillas de marcar el cierre.

Estos pequeños gestos permiten despedirse conscientemente de una experiencia antes de comenzar otra.

Anticipar con entusiasmo lo que viene

Cerrar un ciclo no significa olvidar el anterior, sino abrir espacio para nuevas experiencias. Hablar sobre las vacaciones, los proyectos familiares o la siguiente etapa escolar desde una perspectiva positiva ayuda a disminuir la ansiedad que pueden generar los cambios.

No se trata de evitar la tristeza, sino de recordar que es posible sentir nostalgia por lo que termina y, al mismo tiempo, ilusión por lo que está por comenzar.

Cada final representa una oportunidad para reconocer cuánto hemos crecido. Acompañar a niñas, niños y adolescentes durante estas transiciones, escuchando sus emociones y celebrando sus avances, les brinda herramientas para enfrentar con mayor seguridad los cambios que encontrarán a lo largo de la vida.