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Ciberacoso: cómo nos afecta y qué podemos hacer YA

Recientemente, el ciberacoso se ha colocado como una preocupación entre las familias y comunidades escolares pues sucede tanto dentro como fuera de la escuela. Contrario al acoso físico, la violencia sucede a través de plataformas digitales, redes sociales, chats, juegos online y otras apps. Pese a que parezca que vive solo en internet, sus efectos pueden ser intensos: un comentario hiriente, una burla, una foto o video íntimo o una amenaza, se propagan rápidamente exponenciando su alcance y dañando seriamente a quienes se ven involucrados.

Leyendo un estudio veo que: actualmente, 40% de los usuarios de Internet tiene menos de 19 años, 38.4% ha sido insultado por la red, 29% ridiculizado, 15.4% amenazado y 22.5% acosado sexualmente. Entonces, me parece urgente que toda la comunidad escolar: alumnos, profesores y familias comprendan cómo funciona el ciberacoso y las acciones que nos ayudarán a combatirlo y afrontarlo de forma oportuna, estas son las que me parecen más importantes:

1.⁠ ⁠Fomentar el uso responsable de la tecnología

Lo primero es educar a los estudiantes sobre las implicaciones de lo que escriben y comparten en plataformas online. Podemos implementar talleres que hablen sobre ciudadanía digital, privacidad, ética online y respeto. Si entendemos el daño que pueden llegar a causar los mensajes ofensivos, será más sencillo que demostremos empatía y nos ayudemos mutuamente.

2.⁠ ⁠Establecer pautas precisas acerca de la vida en la red

Las instituciones educativas deben emitir directrices concretas sobre el comportamiento digital. Estas normas deben dejar en claro qué acciones constituyen ciberacoso, cuáles son las posibles repercusiones y cómo proceder si se reporta un incidente. Si todo el mundo entiende las reglas desde el comienzo, se vuelve posible intervenir más velozmente y prevenir que el problema se expanda.

3.⁠ ⁠Disponer de vías seguras para denunciar

Muchas víctimas guardan silencio por temor o vergüenza. Entonces, es vital contar con métodos resguardados y discretos para buscar asistencia: buzones y formularios anónimos en línea, además de personal asignado y capacitado que pueda escuchar y aconsejar. Lo fundamental es que estemos seguros de que no estamos solos.

4.⁠ ⁠Promover la empatía y la colaboración entre estudiantes

El rol de los compañeros es fundamental. Con frecuencia, el ciberacoso persiste dado que quienes lo observan no actúan o inclusive lo celebran. Actividades de integración, ejercicios de resolución de conflictos, proyectos en grupo o campañas de convivencia pueden favorecer un clima más colaborativo, donde la agresión resulte menos probable.

5.⁠ ⁠Involucrar y acompañar a las familias

Mamá, papá o tutores también necesitan saber cómo navega el mundo digital sus hijos. Comprender cuestiones tales como la configuración de privacidad, el tiempo dedicado, poder identificar señales de peligro o establecer comunicación sin rodeos, definitivamente cambiará el juego. Cuando nuestra familia sabe qué y dónde buscar, nos puede ayudar a evitar problemas.

6. Actuar de inmediato ante un incidente

Ante el ciberacoso, no hay tiempo que perder. Es primordial ayudar a la víctima a recolectar pruebas, informar a las autoridades escolares y también dialogar con el agresor para que entienda lo que hizo mal. Lo importante no es solo castigar, sino aprender y evitar que ocurra de nuevo.

Todo esto será posible si nos esforzamos día con día para construir una cultura escolar fundamentada en el respeto. A largo plazo, lo mejor es promover un entorno donde se aprecie la diversidad y el respeto se convierta en una práctica habitual. Cuando la convivencia se basa en empatía solidaridad y comunicación, el acoso no tiene lugar.